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Amar el amor. Vivir la poesía.

26 nov

“Veintiocho  cosas que hacer antes de morir” es un título muy dramático, así que he pensado que semejante encabezamiento puede acoger temas igualmente dramáticos y trascendentales.

Me gusta pensar en mí como un collage, una base blanca, con su propia textura y tamaño; sobre la que colocar imágenes, palabras… En definitiva, experiencias. Y eso es lo que soy, una obra de arte que se va trasformando por momentos. Así que mi gran objetivo en la vida es crear un collage maravilloso, peculiar y que dé sensación de absoluto “horror vacui”.

Ya puestos a hablar de palabras grandes, algo que todos debemos hacer antes de morir es enamorarnos. No voy a hablar de películas súper-ventas de ínfima calidad que hacen escasa mella en la mayoría de nosotros (gracias a Dios). No quiero saber nada de canciones “pastelosas” con rimas absurdas ni de novelitas rosas. Hablo de los poemas, la más clara muestra de que uno debe enamorarse.

“Amar es pensar .

Y yo casi me olvido de sentir sólo pensado en ella.”

(Pessoa)

El amor es algo barroco: complejo y desmedido, cargado, asfixiante… El amor es pasión. Algo enorme hierve en nosotros, más grande que nuestro cuerpo, y quiere salir, se retuerce, quema….

Deseo sentir la pasión que sintió el clásico Neruda, que las cosas no sean cosas, sino sombras de algo que no es él. Encontrar un eje inamovible del cosmos.

“Antes de amarte, amor, nada era mío,

vacilé por las calles y las cosas,

nada contaba ni tenía nombre;

el mundo era del aire que esperaba”

(Neruda)

Danica Phelps

Estar enamorado es como un virus: nos afecta de una manera intensa, no hay manera de aplacarlo y siempre tiene un final. No, no creo en el amor para siempre. El matrimonio son cadenas eternas para algo efímero. Un sentimiento tan entero no puede permanecer inmutable hasta el final de una vida, sino que se transforma. Al cabo de los años la persona amada puede ser compañero, amigo, amante… Se van las mariposas y queda la rutina. El “para siempre” desvirtúa todo lo mágico.

Tener una visión caduca del amor no me impide desear entrar en esa plenitud.

Creo que aspirar vivir de forma romántica (vivir de forma intensa de acuerdo con unos ideales, tratando de sucumbir ante todas las pasiones posibles) es la única manera de acercarnos a la felicidad plena, de poner todo nuestro ser en cada instante. Dejarnos llevar por la pasión de forma dramática es algo que todos deberíamos hacer antes de morir para sentir que consumimos cada gramo de vida. Quiero sentirme orgullosa de mi collage cuando todo haya terminado.

“Desde que la luz te permite ver

no te has atrevido a mirar,

¿Qué temes encontrar?

Tal vez la huella del tiempo

o tal vez lo contrario,

que el tiempo no haya dejado huella.”

(Itzíar Mínguez)

 

Marta Dochao y Laura Gallo, con la colaboración de Maria Segurola

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